El síndrome de fragilidad en el adulto mayor

abr 16, 12 • edicion •

Salud

El síndrome de fragilidad en el adulto mayor

(Primera parte)

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La fragilidad comprende una serie de cambios fisiológicos asociados al envejecimiento que provocan vulnerabilidad. Es consecuencia de un desequilibrio en las funciones del organismo y de su capacidad reducida de soportar el estrés. En la primera parte de este artículo veremos cómo la fragilidad vuelve dependiente, en algún grado, al adulto mayor.

Por la Dra. Marisol Valdés Escárcega, geriatra*

La palabra fragilidad se relaciona con los objetos y materiales que pueden romperse con facilidad. Desde la antigüedad se percibía a la fragilidad como el estado de vulnerabilidad de los individuos que los predisponía a padecer enfermedades y a morir. Históricamente, este concepto se ha asociado con varias características, entre las cuales se encuentran edad muy avanzada, discapacidad y presencia de múltiples enfermedades crónicas.

La discapacidad en el adulto mayor se mide a través de limitaciones crónicas, dependencia para la movilidad, y dependencia para desarrollar las actividades básicas (alimentación, baño, vestido, uso del excusado, continencia) o instrumentadas de la vida diaria (transportación, manejo de finanzas, vigilancia de las propias necesidades, administración de medicamentos, entre otras). La discapacidad es utilizada por los médicos geriatras como un factor que predice a futuro la hospitalización, la enfermedad y la muerte.

Desde el punto de vista médico, la fragilidad se define como un estado de cambios fisiológicos asociados a la edad y que conlleva a la vulnerabilidad. Este estado es producto del desequilibrio en las funciones del organismo y de la disminución de su capacidad para soportar el estrés.

La identificación, la evaluación y el tratamiento de la fragilidad es una de las metas principales de la geriatría ya que un adulto mayor frágil precisa de un mayor grado de atención médica y puede requerir un servicio de cuidados prolongados.

Existen ciertos factores que pueden desencadenar la fragilidad en el adulto mayor:

  • * El estrés fisiológico (reacciones fisiológicas ante los estímulos estresantes) agudo o crónico.
  • * Actividad física reducida.
  • * Alguna lesión que cause discapacidad física.
  • * Factores dietéticos como una ingesta pobre de nutrimentos y bajo aporte calórico.

Nuestro país pasa por una transición demográfica (que conduce a un aumento de la población de adultos mayores) y epidemiológica (predominio de las enfermedades crónico degenerativas), por tanto se requieren mejores servicios en atención y reconocimiento de este problema de salud. Una de las principales preocupaciones de los médicos geriatras es la identificación del síndrome de fragilidad de forma temprana (reconociendo a los pacientes que la tienen y a los que están en riesgo de padecerla) para poder tratarlos y evitar desenlaces negativos, como complicaciones de la enfermedad y muerte.

La Dra. Marisol Valdés Escárcega es coordinadora de la Clínica de Geriatría del Centro Integral de Diagnóstico y Tratamiento de Médica Sur.

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Movilidad y fragilidad

Textos y viñetas: staff SER Mayor

Es importante que el adulto mayor se mantenga funcional, por eso debemos incentivar la movilidad por sí mismo o con apoyos, lo cual evitará un deterioro acelerado. No obstante, cuando ya es necesario asistir en la movilidad a un paciente frágil, la ayuda implicará cambiarlo de plano y de superficie de apoyo. Tres de los movimientos más habituales en los que hay que apoyarlo son:

Pararlo cuando está sentado (no es conveniente que el adulto mayor pase períodos prolongados de tiempo sentado).

1. El ser querido debe situarse lo más cerca posible del borde del asiento y tener los pies separados, uno delante y el otro ligeramente atrás, como si quisiera dar un paso.

  1. 2. Colócate delante de él, con sus rodillas entre las tuyas. Pon una mano a la altura del hombro y la otra en la pierna, el paciente debe tomarte de los costados, nunca del cuello.
  2. 3. Pide al paciente que se incline hacia delante mientras te balanceas hacia atrás para que se incorpore. Tus pies servirán de freno.

Sentarlo cuando está parado

  1. 1. Como el paciente no ve el asiento, ayúdalo a caminar hacia atrás hasta que sus piernas toquen el borde del asiento.
  2. 2. Sitúa una mano en la espalda del paciente y la otra en su pelvis, luego pídele que te tome de los costados. Tus rodillas deben frenar las suyas como protección.
  3. 3. Solicítale que se deje caer suavemente en el asiento flexionando las piernas. Debes acompañar con tu cuerpo el movimiento.

Colocarlo en la posición correcta cuando esta sentado

  1. 1. Para enderezar a nuestro familiar le pediremos que deje caer el peso de su cuerpo sobre una cadera y luego sobre la otra. La técnica consiste en inclinar al paciente hacia un lado mientras movemos el contrario en dirección al respaldo del asiento hasta colocarle en una posición adecuada.
  2. 2. La movilización opuesta consiste en adelantar al paciente hasta el borde de la silla mediante inclinaciones laterales y cambios de peso mientras adelantamos sus piernas.
  3. 3. En ambas movilizaciones nuestros pies se pondrán frente a los suyos y sus rodillas quedarán entre las nuestras a modo de freno.